LA BIOLOGIA DE LA ESPERANZA

Martes, 9 octubre, 2007

 

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“He tenido varios episodios de enfermedades graves de las cuales me he recuperado por completo. El primero sucedió cuando, a los diez años, me enviaron a un sanatorio para tuberculosos…En cada uno de estos casos, me di cuenta de la importancia de la voluntad de vivir. En el sanatorio para tuberculosos era posible dividir, no sólo a los niños sino también a los adultos, en dos grupos claramente definidos. Estaban aquellos a los que se consideraba realistas, y los optimistas. Uno se orientaba rápidamente  hacia un grupo u otro, y el grupo se volvía parte integral e importante de su vida. “Los realistas” se lo sabian todo sobre los “estragos” de la tuberculosis, a la que en el primer cuarto del siglo XX se consideraba todavía en buena medida como una enfermedad fatal. Los jovenes optimistas del sanatorio no discutían los hechos básicos. Sin embargo, sabian que algunos chicos salían adelante. En la medida en que esto era real  y evidente, alimentaba sus esperanzas y fortalecía su voluntad de vivir. Para mí, nada fue más sorprendente que el hecho de que fueran muchos más los optimistas capaces de vencer su enfermedad que los “realistas”. La diferencia entre los dos grupos de pacientes no era simplemente ideológica. Los “realistas” tendían a mantenerse apartados de las actividades de grupo, y a mí me parecía que llevaban una vida muy carente de alegría. Con los optimistas, en cambio, podía reírme y divertirme. Compartíamos nuestros libros, y, cuando se apagaban las luces, seguíamos leyendo con una literna bajo las mantas. Cuando se me gastaban las pilas, siempre encontraba algún chico que me dejara otras nuevas. Haciamos muñecos de nieve y bolas para jugar a la guerra. Y estabamos decididos a salir adelante…”

 

Principios de autocuración - Norman Cousins.


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