El niño que dibujó un buque

Miércoles, 28 febrero, 2007

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Mis primeros recuerdos de la infancia me trasladan a La Coruña. Desde sus cantones disfrutaba de una vista panorámica del puerto, donde los buques anunciaban sus movimientos con unas sirenas de sonido grave. Llamaba mi atención su porte enorme cuya grandeza justificaba tan alta sonoridad. El horizonte era la puerta a lo desconocido, y los grandes buques tenían el poder de traspasar el límite para navegar hacia no se sabe donde. Años más tarde, en el colegio, la señorita nos puso como tarea dibujar algo a nuestra elección. Mi dibujo fue un buque enorme que me quedo muy bien a juzgar por su reconocimiento. Le gustó tanto que me lo pidió para ella. Que alguien fuera capaz de valorar algo de mi persona era precioso para mi, tanto que aún hoy lo recuerdo con agradecimiento. La autoestima, es la gran carencia de mi vida. Es muy triste morirte sin haber sido capaz de amarte a ti mismo.
Teresa fue la señorita de Ignacio, aprecio mucho a esta amiga, tiene una cualidad maravillosa: siempre te valora, y es capaz de descubrirte tu valor. Imagina lo que es estar con una persona así.
Cuando navego entre la valoración, y la aceptación, soy el niño que dibujó un buque.


Contador de pinos

Miércoles, 28 febrero, 2007

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A lo largo de todas las estancias hospitalarias he tenido que convivir con muchas personas. En una sola semana puedes pasar por varios compañeros distintos, a si que acabas conociendo a muchas pacientes de todas las edades, tipos y caracteres. Recuerdo uno de edad avanzada, y buena planta. Educado, reservado, y discreto. Compañía ideal para un amante de la tranquilidad y cierta soledad como yo. Aunque recibía algunas visitas; eran escasas y cortas. Su soledad no me hubiese llamado la atención (ya que es el mal de los enfermos), a no ser por la forma tan patética de manifestarse. Se pasaba las horas sentado frente a la ventana que daba a una pineda. ¿Le gusta mirar los pinos? -le pregunte un día -No, es que cuento – me contesto. Al mirarme la cara para responder se dio cuenta de que no le entendía. Cuento los pinos, uno por uno. Lo hago todos los días para pasar las horas. La tristeza que me provocaron sus matemáticas me impidieron preguntarle como se las arreglaba para llevar la cuenta. Tampoco le pregunte cuantos llevaba, pues el día que me fui con el alta, el seguía contándolos. Cuando yo era niño, enfermaba a menudo. Mama tenía mucho trabajo en casa y sólo podía hacerme compañía por momentos. Las horas eran eternas, y mi forma de llevar la soledad era algo similar a este señor: miraba las paredes. Entonces la moda era empapelarlas, y mi método de pasar las largas horas consistía en seguir el contorno de sus estampaciones con la vista, dibujando todas sus líneas con mucha esmero. Era un trabajo infinito, ni la más larga convalecencia hubiese conseguido poner fin a tan tediosa tarea.


Hippo Chante

Miércoles, 28 febrero, 2007

Este vídeo es uno de mis preferidos por que haría reir al más enfadado, y sacarlo de su mal rollo. Además los personajes son un encanto. Como en la radio se lo dedico a mis cuñadas que estan malitas y la risa es curativa.


La belleza me da alas

Miércoles, 28 febrero, 2007

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“El sargento Ziegel y su novia Ree contrajeron matrimonio. El es la victima de un ataque suicida en Irak que lo dejo brutalmente desfigurado, prácticamente irreconocible. La explosión lo convirtió en una tea ardiendo, lo dejó ciego de un ojo y le destrozó el cráneo, aparte de acribillarle el cerebro con metralla. Además de arrebatarle parte del brazo izquierdo y tres dedos de la derecha, orejas, labios y la mayor parte de la nariz” (El Mundo).
La mayoría de nosotros como no respondemos a los cánones de belleza sufrimos la presión social de la moda y de la publicidad. Lo que en mayor o menor grado nos causa sufrimiento, por eso esta noticia de boda es destacable, me recuerda que lo importante es la calidad humana, el interior. Después de su lectura, me han venido a la cabeza dos ejemplos de los que he sido testigo. No son tan llamativos como el de este militar, pero no por eso dejan de ser ilustrativos. El primero es el de mi ex-compañera de trabajo, esposa de un hombre paralítico ya desde antes de casarse, victima de una salud muy frágil. Es cierto que ella era coja, pero su minusvalía no era comparable a la de su marido. El caso siguiente es el de otro matrimonio del que fui testigo del nacimiento y curso de su relación. El era un chico bien parecido y de aspecto agradable. Ella tenía la boca desfigurada, sufría un tic nervioso en la cara que la obligaban a moverla en sacudidas, la mano retorcida, y además arrastraba un pie de forma acusada. A pesar de su aspecto físico estas personas unieron sus vidas. Estos y otros ejemplos similares ¿dejan claro que la belleza esta en el interior?, pues no; esta tanto fuera como dentro de nosotros, pero de forma diferente. La interior es intangible, intemporal y sin límites, la exterior al ser material, tiene un tiempo y fecha de caducidad. La belleza interior tiene la cualidad de embellecer al objeto de su amor. La exterior, disfruta del poder limitado de su espejismo. En el hospital tuve de compañero de habitación a un joven malformado y sin consciencia de si mismo. Su madre era capaz de ver y sentir su hermosura más allá de su desfigurada cabeza, y su amor lo embellecía más allá de lo posible. Esta trama la hemos leído o visto en libros y películas: “Johnny cogió su fusil” (Dalton Trumbo), “Hablé con Ella”(Pedro Almodóvar), “El Jorobado de Notre Dame” (Víctor Hugo), “La Bella y la Bestia” (Leprince de Beaumont), “El Patito Feo” (Hans Christian Andersen). Lo que olvidamos al leerlos, es que realmente esas historias no son un cuento, son una realidad. El descubrir y reconocer nuestra belleza es la clave para amarnos a nosotros mismos como seres únicos, de una belleza irrepetible. Todo tiene su tiempo, y este es el nuestro.
Dedico estas líneas a una patita fea que conozco y no se cree que sea un cisne. Su corazón siempre ha sido un referente para mí, y sin su existencia mi porción de cielo terrenal hubiese sido más pequeña. (Siento que todos disfrutamos de un anticipo del cielo en la tierra, a modo de degustación).


Amarte, arroparte, y perdonarte

Domingo, 25 febrero, 2007

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Este texto esta extraído de una postal que una madrina escribe a su ahijado el día de su cumpleaños (ambos de la familia). Es un regalo intangible pero de gran valor, por que ya sabes que lo esencial es invisible a los ojos:
“Muchas felicidades en este día tan especial para ti. Quiero que sepas que todos te queremos mucho, y que estaremos a tu lado para ayudarte y aconsejarte en este camino que tienes que recorrer, y que en ocasiones no es todo lo fácil y agradable que a todos nos gustaría.
Espero que recapacites por tu comportamiento e intentes cumplir lo mejor que puedas con tus obligaciones. Y si tienes algún problema acude a tu familia, que siempre estará dispuesta a amarte, arroparte, y perdonarte sin condiciones. Ellos nunca te van a abandonar, te quieren demasiado”.


Mini-soprano

Sábado, 24 febrero, 2007

 

Aunque siempre he rechazado las imitaciones infantiles de los adultos por parecerme extensiones del ego de los padres, esta vez el encanto y la expresión corporal de esta niña, me han cautivado. Además es un regalo para mi admirado amigo David, por el cual siento debilidad.


Las flores son ciegas

Viernes, 23 febrero, 2007

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He visto a personas invidentes, regar las flores de las macetas, y dar de comer a los peces. ¿Cómo es posible?, ¿que fuerza o poder les da esa actitud ante la vida oscura?. Yo llevo un tiempo viviendo de espaldas a la ventana, con poca luz y sin salir de casa. De alguna manera es una forma de mostrarme enfadado con la vida. Pero ¿y si no es la vida, si no “mi vida”, lo que en realidad rechazo?. Por que, ¿dónde esta la vida de los ciegos? .En su actitud ante la oscuridad. ¡Amor infinito, dame la Luz de los ciegos!
“Una mañana, en el jardín, una niña ciega vino a ofrecerme una guirnalda depositada sobre una hoja de loto. Colgué la guirnalda de mi cuello y los ojos se me llenaron de lágrimas. Besé a la niña y le dije: Eres una flor, y las flores son ciegas; por ello no puedes comprender la hermosura de tu regalo”.

(R. Tagore)

Pintura: John Everett Millais