La belleza me da alas

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“El sargento Ziegel y su novia Ree contrajeron matrimonio. El es la victima de un ataque suicida en Irak que lo dejo brutalmente desfigurado, prácticamente irreconocible. La explosión lo convirtió en una tea ardiendo, lo dejó ciego de un ojo y le destrozó el cráneo, aparte de acribillarle el cerebro con metralla. Además de arrebatarle parte del brazo izquierdo y tres dedos de la derecha, orejas, labios y la mayor parte de la nariz” (El Mundo).
La mayoría de nosotros como no respondemos a los cánones de belleza sufrimos la presión social de la moda y de la publicidad. Lo que en mayor o menor grado nos causa sufrimiento, por eso esta noticia de boda es destacable, me recuerda que lo importante es la calidad humana, el interior. Después de su lectura, me han venido a la cabeza dos ejemplos de los que he sido testigo. No son tan llamativos como el de este militar, pero no por eso dejan de ser ilustrativos. El primero es el de mi ex-compañera de trabajo, esposa de un hombre paralítico ya desde antes de casarse, victima de una salud muy frágil. Es cierto que ella era coja, pero su minusvalía no era comparable a la de su marido. El caso siguiente es el de otro matrimonio del que fui testigo del nacimiento y curso de su relación. El era un chico bien parecido y de aspecto agradable. Ella tenía la boca desfigurada, sufría un tic nervioso en la cara que la obligaban a moverla en sacudidas, la mano retorcida, y además arrastraba un pie de forma acusada. A pesar de su aspecto físico estas personas unieron sus vidas. Estos y otros ejemplos similares ¿dejan claro que la belleza esta en el interior?, pues no; esta tanto fuera como dentro de nosotros, pero de forma diferente. La interior es intangible, intemporal y sin límites, la exterior al ser material, tiene un tiempo y fecha de caducidad. La belleza interior tiene la cualidad de embellecer al objeto de su amor. La exterior, disfruta del poder limitado de su espejismo. En el hospital tuve de compañero de habitación a un joven malformado y sin consciencia de si mismo. Su madre era capaz de ver y sentir su hermosura más allá de su desfigurada cabeza, y su amor lo embellecía más allá de lo posible. Esta trama la hemos leído o visto en libros y películas: “Johnny cogió su fusil” (Dalton Trumbo), “Hablé con Ella”(Pedro Almodóvar), “El Jorobado de Notre Dame” (Víctor Hugo), “La Bella y la Bestia” (Leprince de Beaumont), “El Patito Feo” (Hans Christian Andersen). Lo que olvidamos al leerlos, es que realmente esas historias no son un cuento, son una realidad. El descubrir y reconocer nuestra belleza es la clave para amarnos a nosotros mismos como seres únicos, de una belleza irrepetible. Todo tiene su tiempo, y este es el nuestro.
Dedico estas líneas a una patita fea que conozco y no se cree que sea un cisne. Su corazón siempre ha sido un referente para mí, y sin su existencia mi porción de cielo terrenal hubiese sido más pequeña. (Siento que todos disfrutamos de un anticipo del cielo en la tierra, a modo de degustación).

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