¡Dame un respiro!

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Las gafas nasales de oxígeno consisten en dos tubos pequeños flexibles que se introducen en la entrada de ambas fosas nasales. Las gafas de oxigeno están de moda. He visto en la TV, y en la prensa, como consumían dosis de oxigeno en ambientes de ocio. Los clientes complementan la toma añadiéndole una esencia, -las hay de variados tonos- que le dará color al oxigeno que inhalen. Por mi parte siento rabia, y me duele lo que considero una frivolidad. Cuando llevas años llevándolas las veinticuatro horas ya no te resultan tan divertidas, más aún, llegan a ser una auténtica tortura. Con el tiempo me han causado una rinitis crónica que provoca que la nariz gotee agüilla constantemente. No consigo mantenerlas secas y menos aún conseguir que no se irriten. Otros efectos son dolor, irritación, sequedad de la mucosa nasal (cuando no moquea), erosiones, etc. Pero lo peor es el rechazo que provocan en los orificios nasales, causan una sensación molestísima, hasta el punto de desquiciarte. Es como si padecieras un pellizco constante, y persistente. La circulación del aire produce un sonido continuo de flujo que oyes constantemente pegado a tu oreja. A las gafas se les puede acoplar un alargue para alcanzar mayor extensión. En mi caso tiene catorce metros de movilidad, es una mangera que me dan “libertad” de movimiento.
Tengo un abanico de emociones cuando ando por la casa –para desplazarme, voy soltándolo y recogiéndolo-, y de repente un tirón me deja clavado en el sitio, o me arranca las gafas de mala manera dejándome sin oxigeno: alguien ha pisado el cable, o se ha enganchado en algún mueble, o la perra está sobre el. Pero el sentimiento más triste que me provoca la oxigenoterapia, es la sensación de sentirme en peor situación que mis perras, que están sueltas moviéndose libremente. Y cada vez que entro y salgo de casa hay que cambiar la disposición del cableado de una maquina (concentrador), a otra (mochila). En esos cambios en que se me desengancha (suelta) y me vuelven a enchufar (atar), me siento como si yo fuera igual a ellas antes de sacarlas con sus correas a la calle. A lo largo del paseo tengo que estar atento pues si me paro, y la persona que lleva la mochila se distrae, sigue adelante tirándome del cable. Yo antes no sabía que todo lo que disfruto por el hecho de estar vivo es una bendición, es un regalo. Ahora cuando me asomo a la ventana, y veo a la gente caminar, (sobre todo a los ancianos), ir a donde quieren… Somos ricos en privilegios, sos actos que se hacen sin pensar, de forma rutinaria, tienen un gran valor, son una bendición. Y el ser conscientes de esa bendición, es otra bendición.

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2 Responses to ¡Dame un respiro!

  1. Makkkafu dice:

    Pido tu permiso para para poder enlezar este post en mi blog, ya me dirás.

    Un saludo.

    C.A. Makkkafu.

  2. Javier dice:

    Tienes mi permiso para lo que tú quieras enlazar. Será para mi muy grato que lo hagas. Gracias por tu buena educación. Atentamente recibe un cordial saludo: Javier

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