¡Hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad!

Domingo, 29 abril, 2007

 

El humor es una parte fundamental de mi vida. Sin el no se como se puede vivir. Quiero hacerlo cada vez más presente entre nosotros y este vídeo es genial para ello. Muestra las dificultades de un monje para adaptarse al nuevo formato de presentación de los textos: el libro. Acostumbrado al pergamino el cambio le resulta dificultoso y solicita la ayuda de un técnico en la materia para que le resuelva todas las dudas. Comparable con lo que nos ocurre a nosotros con el ordenador, con la diferencia de que somos algo más espabilados. El actor es muy bueno.


Desahogandome

Domingo, 29 abril, 2007

 

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    La falta de oxígeno ya es insostenible, ni siquiera puedo andar. Sólo soy capaz de buscar un aire que no llega. ¡Me ahogo, me ahogo, me ahogo! Es terrible, sólo existe el miedo, el terror, el pánico. A pesar de aumentar la presión de flujo, la obstrucción pulmonar impide la entrada de aire a los…al pulmón. No puedo moverme, he quedado inmóvil. Todo mi cuerpo esta envarado, intento alargar mi cuerpo lo más posible hacia el cielo, dominado por la angustia pienso que cuanto más arriba más aire. Ya no rezo, hace tiempo que no ruego oxigeno. La tensión me crispa de tal manera, que cuando la tortura termina me quedo, agotado, sudoroso y pálido.
Estoy a punto de ingresar en el hospital. Cosa que me desespera más, si cabe, que estar enfermo. Porque a lo uno se le suma lo otro, aumentando el sufrimiento. Es muy duro, una suma de pérdidas. Pero que, como un efecto dominó, arrastra otras muchas. Lo que peor llevo es la convivencia, compartir espacio con desconocidos, especialmente el baño. He sido compañero de muchos tipos de personas.Todo un abanico de caracteres, edades y oficios. Los menos previsibles fueron un enterrador, y un cura. Todo un muestrario del ser humano. Unos resultaron ser bellísimas personas, otros insufribles. Recuerdo uno que no me dio ni siquiera la opción de compartir habitación. La enfermera encendió la luz para meter mi cama que venía de urgencias, de repente oímos un chillido espeluznante acompañado de una avalancha de graves improperios, intercalados por ¡apague! La voz agresiva que nos urgía a quitar la luz, a base de palabrotas y tono grosero; venía de mi supuesto compañero. La enfermera, repuesta a duras penas del inesperado e incomprensible comportamiento, contraatacó y empujo mi cama con determinación. Pero quedo clavada en el sitio porque yo a la desesperada la retenía sujetándome al marco de la puerta. Por lo que la confusión del broncas y la enfermera fue total. Su asombro quedo resuelto cuando dije, “ahí yo no entro, ni hablar. Me niego a quedarme a solas con ese individuo” En ese momento la enfermera cambio de combatiente y se olvido del gruñón, para enfrentarse a mi, “esto es lo que hay, son las normas,” pero le di poca batalla presentándole un ultimátum,” o me cambia de habitación o pido el alta voluntaria”. Vacilo un momento y acabó cediendo. En otras circunstancias me hubiera dicho “usted decide” Pero ella misma me justifico su cambio de actitud diciéndome “es que los cojos tienen mal carácter”. Eso dicen, dije yo asustado todavía de tan bélico recibimiento. A lo que ella puntualizo; en realidad, le han cortado la pierna entera.

 


Todo pasa y todo queda…

Domingo, 29 abril, 2007

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A MI HERMANO JAVIER.

QUERIDO HERMANO:

Hoy he llevado a la pequeña de mis hijas al colegio, llegábamos tarde, así que tuve que bajarme del coche y acompañarla hasta la entrada. Ya dentro, le di su cartera, le arregle sus coletas y le di un gran beso fuerte de oso, mientras se alejaba por el gran pasillo que comunica con su aula, le iba diciendo adiós con la mano, mientras ella se volvía de paso en paso y se despedía de mi con su pequeña manita. Cuando desapareció de mi vista, y mis ojos se pasearon por la estancia, me fije en los altos techos, en los grandes ventanales con sus floridas macetas en el alfeizar, en las puertas antiguas de madera desgastada de tanto abrirse, en las baldosas del suelo de un diseño centenario y descoloridas de tantas carreras infantiles, y al levantar de nuevo la vista al frente, vi a una niña al fondo vestida de uniforme colegial, con su falda gris, su jersey azul marino y un gran lazo blanco recogiendo una coletita detrás de la melena suelta. Corría y saltaba a un tiempo, y regalaba una gran sonrisa a alguien que la esperaba de pie en un extremo del pasillo, y le ofreciera su mano para que ella la cogiera con fuerza. Una silueta delgada, elegante que irradiaba paz y ternura; y entonces vi. tu rostro ¡tan dulce! Que ahora, pasados tantos años, puedo recordar cada expresión de tu cara, tus ojos calmados, tú sonrisa delicada y tu mano de dedos ¡tan largos!, que me encantaba cogerme a ella e ir haciendo saltos y equilibrios por la calle mientras tú me sujetabas con fuerza. Recuerdo aquellos momentos de espera hasta que la sorica, decía mi nombre y salía de la sala, al gran pasillo del colegio, y te buscaba con la mirada, ¡qué fácil era encontrarte! ¡tan alto! ¡tan gallardo!, no había otro igual, eras único, poseedor de un porte señorial, que aún conservas.

Te admiraba por que hablabas de cosas bonitas que a mi me gustaba oír, utilizabas vocablos tan bellos como paz, amor….eras distinto a los demás por que tus sueños no eran desde luego terrenales, lo que no dudo que la vida te habrá echo pagar, sino sueños maravillosos de cuentos de hadas, de personas llenas de amor capaces de compartir todo con los demás, de mundos perfectos que tú pensabas entonces que existían.

Recuerdo una de las primeras veces que fui al cine, me llevaste tú, y fuimos a ver “El principito”, naturalmente no entendí nada de la película, pero el pequeño principio quedo grabado en mi corazón para siempre, y de mayor leí el libro y recordé las imágenes que de niña contemple junto a ti, y me sentí un tanto unida a ese niño que dormía en mi corazón por que hacía tiempo que ya vivía alojado en él. También me llevaste a ver “Juan Salvador Gaviota”, claro que tampoco entendí nada, pero del mismo modo que el principito, quedó grabada en mi la gaviota, que tras unos años volvió a reaparecer en las líneas de un libro. Y hoy, en cada una de las librerías de los cuartos de mis hijas no falta desde luego un ejemplar de ambas historias, para que al igual que me ocurrió a mi, esos personajes vivan en su corazón.

Incluso, y te va a hacer gracia hermano, recuerdo una manifestación en la época franquista por el Paseo de la Independencia, y yo corriendo contigo de la mano, hasta que me llevaste a una librería, donde nos ampararon y nos metimos dentro y desde allí vimos pasar a los manifestantes corriendo y a la policía detrás suyo. Estoy segura que no fue casualidad, y que me llevaste a la manifestación a sabiendas, pero luego te cansaste de correr y aprovechaste el contexto de la situación, chico listo.

A veces cuando canto a mis niñas canciones, recuerdo aquella de “libertad sin ira” la escuche también contigo la primera vez, estábamos en un bar que no recuerdo bien donde era, ni con quien, tan solo sé que la primera vez que escuché esa canción fue contigo.

Realmente mi niñez esta impregnada de tus recuerdos, así que es imposible desconectarme de tu persona por que tú ya eres parte de mí.

Mi alma, mi corazón y mi pensamiento siempre están llenos de ti.

 

                                                                                       Enero de 2007

Nota: Escrita por Belén.



Geno y su cocina. IV

Jueves, 26 abril, 2007

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…Referente a Genoveva, lo cierto es que era una muchachita de apenas 16 años o poco más cuando entró a servir en casa de nuestros abuelos. Fue en “El Palomar” en dónde nuestra abuela Mercedes, aunque os parezca insólito, enseñó a cocinar a Geno. Y no sólo le descubrió las múltiples recetas culinarias. También la ilustró en el arte de poner la mesa, colocar la vajilla sobre un inmaculado mantel blanco o arreglar un delicado centro floral entre otras cosas. Toda esa serie de detalles que tanta importancia daban en aquella época, y que dicho sea de paso son tan agradables. Geno aprendió a cocinar, llegó un momento en que se convirtió en una magnífica cocinera y se dedicó a dar clases culinarias además de editar su libro de cocina. Estuvo en casa de los abuelos como cocinera hasta que se casó y lógicamente se fue a vivir a su casa, con gran pesar por parte de la abuela. Al final del libro hay un artículo que escribió el abuelo, que como recordáis era periodista. Según contaba Mamuchina, el abuelo no soportaba el olor que desprende la col cuando se cuece, de manera que había que aprovechar sus ausencias del hogar para hervir la verdura. Respecto a las croquetas, nuestro abuelo estaba convencido de que Geno y su pinche les daban forma con dos cucharas convicción que ya se encargaba la abuela de consolidar. Las recetas de Geno son, hoy en día, poco prácticas ya que necesitan unos ingredientes que son caros, pero siguen siendo exquisitas. A Mamá le saco de apuros y le inspiró para preparar los menús de las comidas de Navidad. Sobre todo aquella vez que le regalaron a nuestro padre un par de faisanes, preciosos por cierto, macho y hembra que se llevó a los días de estar encerrados en el cuarto trastero, loca de felicidad, la muchacha que en ése momento pululaba por casa que no recuerdo ni su nombre ni su fisonomía, pero si su alegría y sorpresa ante semejante regalo. Ante mi pregunta de cómo se las iba a arreglar para justificarle a Papá, que se deshacía ya en mieles ante la perspectiva de catar tan delicada carne, si se enteraba de la desaparición repentina de las aves, Mamá sin inmutarse lo más mínimo me respondió que cocinaría dos pollos con la ayuda del libro de Geno, y que “no se notará nada, ya lo verás”. Llegó el día de Navidad, y a la mesa se supone los faisanes, manjar de lujo en aquél entonces. Y mientras Papá nos decía, “Comer; comer, que no todos los días se come faisán”, Mamá y yo cruzábamos cómplices miradas a la vez que consolábamos a Mª Belén que suspiraba muy triste por las aves sacrificadas. Todos encontrasteis muy sabrosos los faisanes, y ninguno se percató de que Mamá los había cocinado, entre otros ingredientes, con chocolate. Papá nunca supo que había comido pollo.

Nota: Escrito por la Nena.

 


Estado de Gracia 2

Miércoles, 25 abril, 2007

 

Decíamos ayer… hablando de Bobby McFerrin: “La voz humana es un instrumento musical capaz de crear efectos de sonido de gran virtuosismo, y perfección. Algunos de tal belleza que elevan nuestro espíritu a un estado de Gracia”.

El siguiente ejemplo siendo menos… espiritual que el anterior tiene algo de divino. Los efectos de sonido están realizados por las voces de un coro y los resultados que consiguen alcanzar, rozan la perfección. Tienes que comparar los sonidos con las imágenes en una incredulidad y asombro constante, para confirmar que sí, que lo que oyes es realmente vocal. Una perla.

 

Vínculo: http://www.losmejoresanunciosdetelevision.com/

 


Citas Citables

Martes, 24 abril, 2007

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“N0 hay nada nuevo bajo el sol, pero cuantas cosas viejas hay que no conocemos”.

(Ambrose Bierce, 1842-1914)


Termómetro

Domingo, 8 abril, 2007

De momento lo dejamos aquí.

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Estoy enfermo y el malestar me impide escribir, pero vuelve que mejorare.