Geno y su cocina. IV

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…Referente a Genoveva, lo cierto es que era una muchachita de apenas 16 años o poco más cuando entró a servir en casa de nuestros abuelos. Fue en “El Palomar” en dónde nuestra abuela Mercedes, aunque os parezca insólito, enseñó a cocinar a Geno. Y no sólo le descubrió las múltiples recetas culinarias. También la ilustró en el arte de poner la mesa, colocar la vajilla sobre un inmaculado mantel blanco o arreglar un delicado centro floral entre otras cosas. Toda esa serie de detalles que tanta importancia daban en aquella época, y que dicho sea de paso son tan agradables. Geno aprendió a cocinar, llegó un momento en que se convirtió en una magnífica cocinera y se dedicó a dar clases culinarias además de editar su libro de cocina. Estuvo en casa de los abuelos como cocinera hasta que se casó y lógicamente se fue a vivir a su casa, con gran pesar por parte de la abuela. Al final del libro hay un artículo que escribió el abuelo, que como recordáis era periodista. Según contaba Mamuchina, el abuelo no soportaba el olor que desprende la col cuando se cuece, de manera que había que aprovechar sus ausencias del hogar para hervir la verdura. Respecto a las croquetas, nuestro abuelo estaba convencido de que Geno y su pinche les daban forma con dos cucharas convicción que ya se encargaba la abuela de consolidar. Las recetas de Geno son, hoy en día, poco prácticas ya que necesitan unos ingredientes que son caros, pero siguen siendo exquisitas. A Mamá le saco de apuros y le inspiró para preparar los menús de las comidas de Navidad. Sobre todo aquella vez que le regalaron a nuestro padre un par de faisanes, preciosos por cierto, macho y hembra que se llevó a los días de estar encerrados en el cuarto trastero, loca de felicidad, la muchacha que en ése momento pululaba por casa que no recuerdo ni su nombre ni su fisonomía, pero si su alegría y sorpresa ante semejante regalo. Ante mi pregunta de cómo se las iba a arreglar para justificarle a Papá, que se deshacía ya en mieles ante la perspectiva de catar tan delicada carne, si se enteraba de la desaparición repentina de las aves, Mamá sin inmutarse lo más mínimo me respondió que cocinaría dos pollos con la ayuda del libro de Geno, y que “no se notará nada, ya lo verás”. Llegó el día de Navidad, y a la mesa se supone los faisanes, manjar de lujo en aquél entonces. Y mientras Papá nos decía, “Comer; comer, que no todos los días se come faisán”, Mamá y yo cruzábamos cómplices miradas a la vez que consolábamos a Mª Belén que suspiraba muy triste por las aves sacrificadas. Todos encontrasteis muy sabrosos los faisanes, y ninguno se percató de que Mamá los había cocinado, entre otros ingredientes, con chocolate. Papá nunca supo que había comido pollo.

Nota: Escrito por la Nena.

 

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2 Responses to Geno y su cocina. IV

  1. BELEN dice:

    Me encanta que conteis cosas de este tipo de casa, ya que al ser la pequeña no comparto gran parte de vuestros recuerdos. Gracias por este Nena, me ha encantado.

  2. Makkkafu dice:

    Agradezco llegar aquí y leer un post como este. Es como un remanso de paz, como un claro en el bosque al que llegas después de una buena caminata, Gracias Javier por dejar estos posts tan agradables.

    C.A. Makkkafu.

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