LOS MOTIVOS DEL LOBO

Domingo, 14 octubre, 2007

 

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El varón que tiene corazón de lis,
alma de querube, lengua celestial,
el mínimo y dulce Francisco de Asís,
está con un rudo y torvo animal,
bestia temerosa, de sangre y de robo,
las fauces de furia, los ojos de mal:
¡el lobo de Gubbia, el terrible lobo!
Rabioso, ha asolado los alrededores;
cruel, ha deshecho todos los rebaños;
devoró corderos, devoró pastores,
y son incontables sus muertos y daños.

Fuertes cazadores armados de hierros
fueron destrozados. Los duros colmillos
dieron cuenta de los más bravos perros,
como de cabritos y de corderillos.
             
Francisco salió:
al lobo buscó
en su madriguera.
Cerca de la cueva encontró a la fiera
enorme, que al verle se lanzó feroz
contra él. Francisco, con su dulce voz,
alzando la mano,
al lobo furioso dijo: “¡Paz, hermano
lobo!” El animal
contempló al varón de tosco sayal;
dejó su aire arisco,
cerró las abiertas fauces agresivas,
y dijo: “!Está bien, hermano Francisco!”
“¡Cómo!” exclamó el santo. “¿Es ley que tú vivas
de horror y de muerte?”
“¿La sangre que vierte
tu hocico diabólico, el duelo y espanto
que esparces, el llanto
de los campesinos, el grito, el dolor
de tanta criatura de Nuestro Señor,
no han de contener tu encono infernal?
¿Vienes del infierno?
¿Te ha infundido acaso su rencor eterno
Luzbel o Belial?”
             
Y el gran lobo, humilde: “¡Es duro el invierno,
y es horrible el hambre! En el bosque helado
no hallé qué comer; y busqué el ganado,
y en veces comí ganado y pastor.
¿La sangre? Yo vi más de un cazador
sobre su caballo, llevando el azor
al puño; o correr tras el jabalí,
el oso o el ciervo; y a más de uno vi
mancharse de sangre, herir, torturar,
de las roncas trompas al sordo clamor,
a los animales de Nuestro Señor.
¡Y no era por hambre, que iban a cazar!”

Francisco responde: “En el hombre existe
mala levadura.
Cuando nace, viene con pecado. Es triste.
Mas el alma simple de la bestia es pura.
Tú vas a tener
desde hoy qué comer.
Dejarás en paz
rebaños y gente en este país.
¡Que Dios melifique tu ser montaraz!”
“Esta bien, hermano Francisco de Asís.”
“Ante el Señor, que toda ata y desata,
en fe de promesa tiéndeme la pata.”
El lobo tendió la pata al hermano
de Asís, que a su vez le alargó la mano.
Fueron a la aldea. La gente veía
y lo que miraba casi no creía.
Tras el religioso iba el lobo fiero,
y, bajo la testa, quieto le seguía
como un can de casa, o como un cordero.
Francisco llamó la gente a la plaza
y allí predicó.
Y dijo: “He aquí una amable caza.
El hermano lobo se viene conmigo;
me juró no ser ya vuestro enemigo,
y no repetir su ataque sangriento.
Vosotros, en cambio, daréis su alimento
a la pobre bestia de Dios.” “¡Así sea!”,
Contestó la gente toda de la aldea.
Y luego, en señal
de contentamiento,
movió la testa y cola el buen animal,
y entró con Francisco de Asís al convento.
                  
                     ***

Algún tiempo estuvo el lobo tranquilo
en el santo asilo.
Sus bastas orejas los salmos oían
y los claros ojos se le humedecían.
Aprendió mil gracias y hacía mil juegos
cuando a la cocina iba con los legos.
Y cuando Francisco su oración hacía,
el lobo las pobres sandalias lamía.
Salía a la calle,
iba por el monte, descendía al valle,
entraba a las casas y le daban algo
de comer. Mirábanle como a un manso galgo.
Un día, Francisco se ausentó. Y el lobo
dulce, el lobo manso y bueno, el lobo probo,
desapareció, tornó a la montaña,
y recomenzaron su aullido y su saña.
             
Otra vez sintiose el temor, la alarma,
entre los vecinos y entre los pastores;
colmaba el espanto en los alrededores,
de nada servían el valor y el arma,
pues la bestia fiera
no dio treguas a su furor jamás,
como si estuviera
fuegos de Moloch y de Satanás.
             
Cuando volvió al pueblo el divino santo,
todos los buscaron con quejas y llanto,
y con mil querellas dieron testimonio
de lo que sufrían y perdían tanto
por aquel infame lobo del demonio.
             
Francisco de Asís se puso severo.
Se fue a la montaña
a buscar al falso lobo carnicero.
Y junto a su cueva halló a la alimaña.
“En nombre del Padre del sacro universo,
conjúrote” -dijo-, “¡oh lobo perverso!,
a que me respondas: ¿Por qué has vuelto al mal?
Contesta. Te escucho.”
Como en sorda lucha, habló el animal,
la boca espumosa y el ojo fatal:
“Hermano Francisco, no te acerques mucho…
Yo estaba tranquilo allá en el convento;
al pueblo salía,              
y si algo me daban estaba contento
y manso comía.
Mas empecé a ver que en todas las casas
estaban la Envidia, la Saña, la Ira,
y en todos los rostros ardían las brasas
de odio, de lujuria, de infamia y mentira.
Hermanos a hermanos hacían la guerra,
perdían los débiles, ganaban los malos,
hembra y macho eran como perro y perra,
y un buen día todos me dieron de palos.
Me vieron humilde, lamía las manos
y los pies. Seguía tus sagradas leyes,
todas las criaturas eran mis hermanos:
los hermanos hombres, los hermanos bueyes,
hermanas estrellas y hermanos gusanos.
Y así, me apalearon y me echaron fuera.
Y su risa fue como un agua hirviente,
y entre mis entrañas revivió la fiera,
y me sentí lobo malo de repente;
mas siempre mejor que esa mala gente.
Y recomencé a luchar aquí,
a me defender y a me alimentar.
Como el oso hace, como el jabalí,
que para vivir tienen que matar.
Déjame en el monte, déjame en el risco,
déjame existir en mi libertad,
vete a tu convento, hermano Francisco,
sigue tu camino y tu santidad.”

El santo de Asís no le dijo nada.
Le miró con una profunda mirada,
y partió con lágrimas y con desconsuelos,
y habló al Dios eterno con su corazón.
El viento del bosque llevó su oración,
que era: “Padre nuestro, que estás en los cielos…”

RUBÉN DARIO

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LA PÉRDIDA DE LA ESPERANZA

Viernes, 12 octubre, 2007

 

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Una vez presencié una dramática demostración del estrecho nexo entre la pérdida de la fe en el futuro y su consiguiente final. F., el jefe de mi barracón, compositor y libretista bastante famoso, me confió un día: “Me gustaría contarle algo, doctor. He tenido un sueño extraño. Una voz me decía que deseara lo que quisiera, que lo único que tenía que hacer era decir lo que quería saber y todas mis preguntas tendrían respuesta. ¿Quiere saber lo que le pregunté? Que me gustaría conocer cuándo terminaría para mí la guerra. Ya sabe lo que quiero decir, doctor, ¡para mí! Quería saber cuándo seríamos liberados nosotros, nuestro campo, y cuándo tocarían a su fin nuestros sufrimientos.” “¿Y cuándo tuvo usted ese sueño?”, le pregunté. “En febrero de 1945″, contestó. Por entonces estábamos a principios de marzo.”¿Y qué le contestó la voz?”. Furtivamente me susurró: “El treinta de marzo.”
Cuando F. me habló de aquel sueño todavía estaba rebosante de esperanza y convencido de que la voz de su sueño no se equivocaba. Pero al acercarse el día señalado, las noticias sobre la evolución de la guerra que llegaban a nuestro campo no hacían suponer la probabilidad de que nos liberaran en la fecha prometida. El 29 de marzo y de repente F. cayó enfermo con una fiebre muy alta. El día 30 de marzo, el día que la profecía le había dicho que la guerra y el sufrimiento terminarían para él, cayó en un estado de delirio y perdió la conciencia. El día 31 de marzo falleció. Según todas las apariencias murió de tifus. Los que conocen la estrecha relación que existe entre el estado de ánimo de una persona —su valor y sus esperanzas, o la faltade ambos— y la capacidad de su cuerpo para conservarse inmune, saben también que si repentinamente pierde la esperanza y el valor, ello puede ocasionarle la muerte. La causa última de la muerte de mi amigo fue que la esperada liberación no se produjo y esto le desilusionó totalmente; de pronto, su cuerpo perdió resistencia contra la infección tifoidea latente. Su fe en el futuro y su voluntad de vivir se paralizaron y su cuerpo fue presa de la enfermedad, de suerte que sus sueños se hicieron finalmente realidad.

“El hombre en busca de sentido” – Viktor Frankl


MI SORPRESA

Jueves, 11 octubre, 2007

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Tenia buen aspecto y -al momento me llamó la atención- se dirigió decididamente a mí. (¿Por qué?) Con su agradable tono de voz y buen estar, respetuosamente, me preguntó:

– “Disculpe, ¿puede decirme la habitación de Ángel De la Guarda? “.
– “¡Qué casualidad!”, pensé.

Coincidir en el nombre que tantos años había estado junto a mí. Porque yo siempre me encomendé a “ÉL” y… rápidamente pasaron por mi mente tantas cosas de niña… Mi ángel de la guarda al que continuamente sentía a mi lado, que me daba paz y tranquilidad. En ese momento me atonté un poco, pero volví a escuchar cerca de mí, suavemente, la misma pregunta:

– “¿Puede decirme la habitación del sr. De la Guarda?”

Pestañeé y siguió:

– “Creo que me dijo que estaba en la nº 9697. ¿Lo puede mirar?”

Pensé para mí: “¿Esto no es normal? ¿Qué debo hacer? ¿Atenderla? ¿Dejarla y continuar con mi faena? Así que opté por lo primero y enseguida me di cuenta que “su azotea“ -como diría mi madre- no estaba del todo bien. Comencé a hacerle preguntas y entendí que se había ido de casa. Conseguí su dirección y teléfono y llamé.

Vinieron sus familiares, los cuales me agradecieron el haberla retenido allí hasta que ellos llegaron. Me puse contenta por conseguirlo y al final del día retomé lo de años atrás… Charlé con mi ángel de la guarda, el “mío” y le pedí para que siguiese acompañándola a ella, para que a mí no me abandonase. Me sentí feliz por tres cosas: por ella, por mí y por mi Fe.

Y… Esto es lo que me ocurrió aquel 26 de Octubre al anochecer en el HOTEL NH CALDERON de Barcelona, al atender a una viejecita de unos 80 años, dulce y femenina.

Historias en Hoteles | Mayálen Itoiz Navarro


ANÍMATE A LEER

Jueves, 11 octubre, 2007

 

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”Anímate a leer”es un campaña gráfica de animación a la lectura de Gustavo Otero con ánimo de atraer la atención de los más jóvenes a los libros. Consta de catorce carteles -uno ya lo conocéis, los demás los iremos viendo-, diseñados por Otero con la colaboración de los dibujantes Carlos Vega, Pablo Blasberg y David Veloso.

>Web de: Gustavo Otero


ANIMATE A LEER – “Leer te sienta bien”

Miércoles, 10 octubre, 2007

 

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> Más información:


LOS ERRORES DE EDISON

Viernes, 5 octubre, 2007

 

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Existe un anécdota de Tomas Alva Edison que ya se ha hecho legendaria. En una ocasión cierto caballero le preguntó que había sentido al fracasar tantas veces en sus intentos por fabricar una bombilla eléctrica. Edison respondió que nunca había fracasado, ¡sino que había descubierto exitosamente miles de maneras en que no debía debía fabricarse una bombilla eléctrica!. Esa actitud positiva frente a los errores permitió a Edison aportar al mundo tanto como el que más en toda la historia humana.

Por favor, sé feliz. Andrew Matthews


Y VERÁS QUE TU VIDA RESPLANDECE

Jueves, 4 octubre, 2007

 

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-Ten los pies en el suelo y la cabeza en el cielo. Cuando camines de noche mira las estrellas; interésate por cuando la luna crece y cuando mengua, y aprende a localizar algunas constelaciones. En algún momento de tu vida duerme al raso: la espalda contra el calor de la tierra, los ojos mirando al cielo.

– Siempre que hables con otra persona ponte por un momento en su lugar, imagina que tú eres ella; seguro que la entenderás mejor.

– Aunque cueste algún esfuerzo, mantén siempre una pizca de alegría en tu ánimo; la alegría es contagiosa y se comunica a la gente.

– Intenta comprender a los niños, y adáptate en lo posible a su mundo; también ellos habitan la Tierra. Cuando camines y te encuentres con un niño, abre bien tus ojos y sonríele.

– Trata a las personas como te gustaría que te tratasen ti, de esta manera tu mundo será más hermoso y habitable. No esperes milagros de los demás, ni te ofendas por el olvido de los otros. Confía en ti mismo y no hagas caso de adivinos y curanderos.

– Aliméntate de la mejor manera posible, sana y racionalmente, sin caer en los excesos. Tu propio cuerpo es el mejor médico, quien mejor te conoce.

– Piensa que las personas silenciosas son a menudo intuitivas. Respeta su silencio y aprécialo tanto como la compañía de un buen conversador. Las grandes ideas nacen del silencio y la meditación.

– Reconoce a Dios en todos los dioses y en todas las culturas, Alá, Yahvé, Buda o Krishna participan del mismo principio.

– Ejercita tu cuerpo. Respira aire puro y camina al menos durante media hora cada día. Cuando estés solo, habla de vez en cuando con los animales y las plantas. Lee y mira con tranquilidad a la gente que te rodea. Observa cómo transcurre la vida, cómo se mueve el mundo. Regálate de vez en cuando la contemplación de un hermoso paisaje en las montañas o junto al mar.

– Escribe y pinta, aunque pienses que no lo haces bien. Escribir te ayudará a conocerte. El dibujo y la pintura relajarán tu mente.

– Y verás que tu vida resplandece; sentirás tus pies más ligeros y la conciencia más ancha. Quizá no lograrás cambiar el mundo, pero empezarás a saber de ti mismo.

 

“La Sonrisa de la Tierra” ( Ramón Villeró )

Cortesia de la Nena.